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samedi 3 août 2013

HAITIANOS EN ARGENTINA

"Haití querida, no hay un país mejor que tú, tenía que dejarte para comprender tu valor, tenía que echarte de menos para poder apreciarte. Para sentir realmente qué significas para mí". Así dicen las letras en francés de una canción que los haitianos en Posadas la repiten como una plegaria cada vez que se reúnen para celebrar el aniversario de ese país caribeño.
La enciclopedia de la web informa que es un país de las Antillas, situado en la parte occidental de la isla La Española y que limita al Norte con el océano Atlántico, al Sur y Oeste con el mar Caribe o de las Antillas y al Este con la República Dominicana.
Pero es mucho más que eso, para los chicos que salieron un día de esas tierras para buscar un mejor futuro, de acuerdo con sus expectativas. Y fue así que algunos de ellos tomaron un avión y en sus mochilas, además de cargar sus ropas y otros objetos personales, le sumaron sus sueños y esperanzas. La aeronave no sintió ese peso de más pero el contingente sabía que tenían mucho más valor que el equipaje trasladado.
El trabajo documental comienza con la bella Isabela Moise cantando aquella canción, mientras espera a otros compatriotas elaborando una comida típica del país caribeño. Es 1ro de enero y van a celebrar la declaración de la independencia de la isla de un país europeo, Francia. (de 1804, varios años antes de la Revolución de Mayo argentina).
"No podemos dejar que nuestro país muera", le insta a sus compañeros de ruta, al recordarle que ya está casi lista la casa, con sólo detalles para la decoración que se merece una fiesta patria.
Perseguir los sueños 
Isabela Moise hace más de 5 años que está en Argentina. El año pasado se recibió de enfermera profesional y trabaja en el Hospital Materno Neo Natal de Posadas.
"El cuadro que yo tenía pintado de esto era diferente, no solo yo sino de todo el grupo, éramos 30 chicos pero luchamos y seguimos. Hemos logrado el objetivo que era venir a estudiar", comenta en la entrevista realizada por el equipo universitario de la Unam.
Pero explica que no viajaron porque querían vivir alguna aventura tipo cinematográfica sino por necesidad. "La educación tiene mucho valor para nosotros porque desde chicos nuestros padres, nos dicen que lo mejor que nos pueden dejar es el saber, que te hace otra persona. Y eso lo tenemos bien grabado, no tiene precio".
En tanto, otro joven haitiano, Jonas Dumas, comenta que su país es muy valiente, con una cultura caliente, comida picante, muchos colores. "Es un lindo pueblo", expresa no sin un dejo de nostalgia. 
Según recuerda, la educación superior allá es muy excluyente, con una sola Universidad pública que tiene cupos. Entonces, si la familia puede ayudar económicamente lo mejor es ir a otro país a estudiar porque las universidades privadas son muy caras.
"Cuando tuve la oportunidad de viajar lo hice, nunca me imaginé estar en Argentina, surgió como de casualidad", asevera como sincerándose.  
Luego agrega que cuando llegó tuvo que empezar a leer muchos documentos en castellano, mirar mucha televisión y relacionarse con la gente del lugar.
Para él, todo es sorpresa. Tanto la naturaleza como la cuestión cultural y social. "Un haitiano no construye una amistad en poco tiempo, lleva meses. Invitarlo a su casa no es tan fácil. Acá me sorprendió la rapidez con que la gente te invitaba a cenar con su familia", sostiene aún maravillado por la calidez humana que encontró sin mucha dificultad.

Hacia un país racista?  
En cambio, Wilky Desrosin tuvo muchas dudas al parecer antes de emprender el viaje a hacia el Sur del continente. Y todo por los pre conceptos que a diario le advertían sobre la idiosincracia argenta, de fama mundial. 
"Imaginaba otra cosa, imaginaba que eran todos blancos, 90 por ciento racista como se ve desde afuera pero cuando llegué, empecé a convivir con la gente y vi que no era cierto. Al principio para mi era muy difícil, por el idioma", cuenta el joven.
Incluso recordó que a su llegada desde que se subió por primera vez a un colectivo ya estaba sorprendido. "Tomaban mate, se pasaban de uno a otro y le decía a mi primo ´mirá,esta gente se está drogando´. Luego me dijeron que era una costumbre. Cuando lo tomé por primera vez me quemé, también mi primo", dice y se ríe recordando la anécdota.
Por su parte, Dimitry Dorcely no había tanta diferencia entre lo que le decían en Haití y lo que encontró acá. Y así lo manifiesta: "Para mi era como la gente comentaba, cuando veñía tele y fútbol, siempre hablaban de esas cosas".
Sin embargo, a Marc Gamael la cosa pintaba fea. Y no era para menos, ya en el Aeropuerto haitiano, antes de venir, le decían que iba a tener problemas porque Argentina era un país "muy racista".
Pero esos comentarios no lo amedrentaron. Y se vino igual. "A mi esas cosas no me importan. Yo quiero una educación, cuando llegué era diferente", recuerda.

Volver, el dilema 
Chrislor Michaud, por su parte, en Posadas tiene una esposa y una hija. Trabaja en una despensa, pollería y frutería que se llama "Katy Katy de Haití".
Contó que su sueño siempre fue casarse con una argentina, quizás movida por su pasión futbolera. Es que es fanático de la Selección nacional desde que estaba viviendo en su país. Y veía los partidos por la tele, soñando alguna vez venir a tierra gaucha
Vino y cumplió ese deseo. Y ahora tiene una hermosa hija que se llama Alana Katarina Michaud. "Es preciosa, un regalo de Dios", dice.
"Volver siempre está en la cabeza, uno tiene su familia allá pero acá uno ya tiene su vida propia", coinciden los jóvenes haitianos, estudiantes universitarios en su mayoría.
Jonas cree que con sus conocimientos y su experiencia ganadas en tierras extrañas puede ayudar y ser útil a su país. 
Sus amigos, en tanto, dicen que "por ahora, sólo por ahora" sólo regresarían a las antillas para visitarla. 
"Tenemos la etiqueta de ser el país más pobre del mundo, pero en mi país dicen "casa es casa, no importe como esté la casa pero el hogar es el hogar. Extraño a mi país", se sincera Isabela al final de la nota como resumiendo un sentimiento afin a todos sus compañeros.
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Casa es Casa 
Ficha técnica
Dirección: Nicolás Franco Quiroga
Producción General: Simone Gil Mondavi
Producción: Belén Fonceca; Laura Dos Santos; Horacio Correa
Cámara: Elio Valdez; José Luis Monte
Edición: Carlos F. Dreger
Guión: Andrea Arzamendia; Alexandra Ramírez
Sonido: Cristian Quiroz
Iluminación; Sergio Centurión
Escenografía: Lourdes Benítez
Coordinación General: Rubén Zamboni, José Luis Monte
Carrera de Comunicación Social
Facultad de Humanidades
Unam


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